Historias de un diabético: Las descompensaciones

Las descompensaciones de azúcar se caracterizan por un nivel de glucemia mayor a 250 mg/dl o por un nivel de glucemia inferior a 70 mg/dl. Lo más común es que se produzcan debido a un exceso de insulina en el caso de las hipoglucemias, y a una falta de insulina en el caso de las hiperglucemias. Hasta aquí todo correcto, pero las descompensaciones también pueden producirse debido a tres motivos: cambios de hábitos y comportamiento, cambios físicos y cambios emocionales.

Cuando tenía 18 o 19 años, toda mi familia estábamos de vacaciones en la playa. Una noche, mis hermanos, primos y algunos amigos salimos de fiesta. Mientras nos dirigíamos de un lugar a otro, pasamos por una terraza de un bar que estaba vacía. Aproximadamente a la mitad del camino, caí repentinamente víctima de una hipoglucemia. No sabía cómo el alcohol afectaba a los diabéticos, y combinado con una noche de mucha actividad, resultó en una hipoglucemia.

Mis hermanos actuaron rápidamente y me recuperaron enseguida. Pero cuando abrí los ojos, vi que estaban discutiendo con un Guardia Civil que se encontraba cerca. Al verme en el suelo, no tuvo mejor idea que decir: “Déjenlo ahí que se le pase la borrachera”. Fue un comentario desafortunado, aunque comprensible, al ser una zona de ocio nocturno. Automáticamente, se pusieron a nuestra disposición y, al ver que me estaba recuperando y escuchar las explicaciones de mis hermanos, nos escoltaron hasta casa.

Imaginen por un momento si las personas que me acompañaban no supieran que soy diabético o no supieran qué hacer en caso de una hipoglucemia grave.

Es muy importante estar informado tú, así como tu círculo más cercano de amigos, en el trabajo, en la escuela, en el club donde practicas algún deporte, etc.

Cambios de hábitos y conducta

Los cambios de hábitos y conducta abarca desde la alimentación y el ejercicio hasta cualquier aspecto que afecte nuestra rutina diaria. Es fundamental mantener una rutina constante para mantener controlados los niveles de azúcar en sangre. Cualquier desviación puede afectar a nuestras glucemias de alguna manera.

Recuerdo una temporada que cada vez que cogía vacaciones, a los dos o tres días acababa teniendo una hipoglucemia nocturna severa y debía ser atendido por el SAMU (Servicio de Atención Médica de Urgencias) en casa. El cambio de rutina que implica las vacaciones, como dar paseos al atardecer, pasar todo el día en la playa o ir a la piscina, junto con la falta del estrés diario, daba como resultado hipoglucemias nocturnas. Además, esto solía suceder más durante el verano, cuando mi nivel de actividad física era más alto.

Recuerdo una noche mientras estábamos de vacaciones en la playa del Mar Menor en Murcia. No recuerdo si fue la segunda o tercera noche, pero desperté con tres sanitarios parados junto a mi cama y lo primero que dije fue “¿Qué hacen estas personas aquí?”. Enseguida, oí a mi madre responder desde los pies de la cama: “¿Qué va a pasar? Pues que te ha dado una bajada de azúcar como todos los veranos”.

Es importante ser conscientes de las posibles situaciones que pueden ocurrir cuando cambiamos nuestros hábitos diarios para poder tomar las decisiones adecuadas. Por ejemplo, yo tengo el hábito de escanear (ya que uso el sistema Flash de monitorización de glucosa FreeStyle) todas las noches antes de acostarme. Dependiendo del resultado de mi glucemia y la flecha de tendencia, decido si necesito comer alguna galleta o beber un vaso de leche antes de acostarme en caso de tener valores bajos, o si es necesario hacer una corrección con insulina rápida en caso de tener valores altos. También tomo decisiones durante el día, como reducir un 10% la dosis de insulina rápida si hago mucho ejercicio, o controlar la ingesta de carbohidratos si no hago actividad física.

No quiero asustar a nadie ni decir que no debemos relajarnos y disfrutar de nuestras vacaciones, todo lo contrario. Lo que quiero transmitir es que, para disfrutar al máximo, debemos ser conscientes de las posibles situaciones que pueden ocurrir y adelantarnos a ellas. Les aseguro que no es agradable pasar parte de las vacaciones en una habitación de hospital debido a una descompensación que podría haberse evitado.

Cambios físicos

Es cierto que los cambios físicos pueden tener un impacto en los niveles de azúcar en sangre y en el manejo de la diabetes. Durante la niñez y la juventud, es crucial mantener un control adecuado de la diabetes para asegurar un crecimiento óptimo y evitar complicaciones relacionadas con la densidad ósea. Esto se logra a través de la administración de insulina y un seguimiento médico cercano. Es importante destacar que el crecimiento también puede verse influenciado por factores genéticos, independientemente de la presencia de diabetes.

Durante la adolescencia, las hormonas se desatan y comenzamos a salir más con amigos. A veces hay menos control por parte de los padres o tutores y algunos pueden estudiar fuera de casa. Nos volvemos más rebeldes y nuestros horarios de comidas y cenas, así como nuestra elección de alimentos, cambian. En definitiva, la adolescencia puede ser una etapa complicada para las personas con diabetes si no se tiene claro que la prioridad debe ser mantener los niveles de azúcar en sangre lo más estables posible.

Además de los cambios en la rutina diaria, las enfermedades, lesiones y otras condiciones médicas también pueden afectar los niveles de azúcar en sangre. Es importante estar informado sobre cómo estos factores pueden influir en la diabetes y tomar medidas adecuadas en consulta con los médicos para manejar cualquier efecto secundario.

Cambios emocionales

Los cambios emocionales pueden tener un impacto significativo en los niveles de azúcar en sangre y en el manejo de la diabetes. El estrés es uno de los factores emocionales más comunes que pueden desencadenar un aumento en los niveles de azúcar en sangre. Durante períodos de estrés, es posible experimentar una mala alimentación, falta de descanso y estar constantemente irritable y a la defensiva. Todo esto puede tener un impacto negativo en el control de la diabetes.

El deporte puede ser una excelente manera de reducir el estrés, ya que durante la actividad física se liberan endorfinas, que actúan como analgésicos naturales y generan sensaciones de euforia y bienestar. Esto puede ayudar a reducir los niveles de estrés, aliviar la tensión muscular y distraer la mente, ya que el deporte requiere concentración. Además, mejorar el sueño y canalizar las emociones de manera positiva son otros beneficios del ejercicio en relación al estrés.

Ante cambios bruscos y estresantes, decido tomar aire y salir a pasear por los jardines cercanos. Es una experiencia renovadora, simplemente el hecho de caminar a buen ritmo y disfrutar de la tranquilidad, el sol y el canto de los pájaros me ayuda a ver las cosas desde otra perspectiva. El contacto con la naturaleza y la actividad física son clave para manejar el estrés.

Además del estrés, también hay momentos de miedo o pánico que pueden afectar los niveles de azúcar en sangre. Durante situaciones de emergencia o eventos estresantes, el cuerpo produce grandes cantidades de adrenalina, lo que puede resultar en un aumento temporal de los niveles de glucosa en sangre. Es importante estar preparado para estas situaciones y saber cómo manejarlas, incluyendo el monitoreo de los niveles de azúcar y tomando las medidas necesarias para mantenerlos estables.

Los cambios emocionales como el estrés y el miedo pueden influir en los niveles de azúcar en sangre en personas con diabetes. Es importante ser consciente de estos factores y tomar medidas para manejarlos de manera saludable, como la práctica de ejercicio regular, el establecimiento de rutinas de sueño adecuadas y el desarrollo de estrategias de afrontamiento efectivas. Además, es fundamental aprender a reconocer las señales del cuerpo y tomar acciones rápidas para mantener los niveles de azúcar en sangre estables.

Es cierto que reconocer y comprender las señales que nuestro cuerpo nos envía es crucial para las personas con diabetes. Los síntomas de la hiperglucemia, como mucha sed, boca seca, visión borrosa, piel seca, debilidad o cansancio, necesidad frecuente de orinar, son importantes indicadores de niveles altos de azúcar en sangre. Si no se trata, la hiperglucemia puede derivar en cetoacidosis, que presenta síntomas como aliento con olor a fruta, sequedad en la boca, dolor abdominal, náuseas y vómitos, falta de aire, confusión y pérdida del conocimiento.

Conoce tu cuerpo

Una de las primeras cosas que debes hacer cuando te diagnostican diabetes es aprender a reconocer las señales que tu cuerpo te envía, tanto cuando tienes hipoglucemia como cuando tienes hiperglucemia. Esto es crucial, ya que, si no sabes lo que está sucediendo, será difícil alertar a quienes te rodean. Incluso si estás solo, podrías perder el conocimiento y entrar en un coma diabético, lo cual es peligroso e impredecible.

En mi experiencia personal, he aprendido a reconocer los síntomas de las hipoglucemias y las hiperglucemias de una manera única. Cada persona puede tener señales diferentes que les indiquen un desequilibrio en sus niveles de azúcar en la sangre.

Durante una hipoglucemia, me di cuenta de que apretaba mucho los dientes sin darme cuenta. Esta era una señal clara para mí de que algo no estaba bien. Aprender a reconocer estos pequeños cambios en mi cuerpo ha sido fundamental para manejar mi condición de manera efectiva.

Por otro lado, durante una hiperglucemia, descubrí que los olores me molestaban más de lo normal. Los perfumes, los productos de limpieza e incluso los alimentos tenían un olor abrumador para mí. Esta sensación intensa me alertaba de que mis niveles de azúcar estaban demasiado altos y que necesitaba tomar medidas para controlarlos.

Recuerdo un episodio particular de hipoglucemia mientras estaba en el trabajo. Comencé a elevar el tono de voz con mis compañeros. En ese momento, sentí como si fuera un espectador de mis propias palabras, como si mi cuerpo estuviera reaccionando de forma automática sin que yo pudiera controlarlo. Fue una experiencia extraña pero familiar, ya que había experimentado situaciones similares en el pasado.

Es importante destacar que, aparte de los síntomas habituales como mareos, sudoración o temblores, cada individuo puede desarrollar síntomas propios asociados con las hipoglucemias o hiperglucemias. Cada persona puede experimentar síntomas únicos durante las hipoglucemias o hiperglucemias. Aprender a reconocer estas señales individuales es fundamental para manejar eficazmente nuestra condición. Escuchar nuestro cuerpo y buscar ayuda médica cuando sea necesario nos permitirá llevar una vida plena y saludable a pesar de la diabetes.

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