Historias de un diabético: Resiliencia diabética

En algún momento de nuestras vidas, todos nos enfrentamos a desafíos que nos obligan a hacer una pausa y reflexionar sobre lo que realmente importa. La diabetes es una enfermedad crónica que afecta a millones de personas en todo el mundo. Y se ha convertido en una parte intrínseca de mi vida y ha sido la catalizadora de una travesía llena de altibajos emocionales y físicos.

La ansiedad, la culpa, la aceptación y la determinación son solo algunas de las emociones con las que me he enfrentado. Pero también descubrirás cómo he encontrado la fuerza y el coraje para superar obstáculos aparentemente insuperables.

¿Que es la resiliencia diabética?

La resiliencia es la capacidad de las personas para hacer frente a situaciones adversas, superar obstáculos y recuperarse de experiencias difíciles. Se trata de la habilidad de adaptarse y mantenerse fuerte frente a la adversidad, en lugar de dejarse llevar por ella. La resiliencia implica tener una mentalidad positiva, flexibilidad, confianza en uno mismo y la capacidad de encontrar soluciones creativas ante los desafíos. Es un rasgo que puede ser desarrollado y fortalecido a lo largo de la vida.

La resiliencia diabética se refiere a la capacidad de una persona con diabetes para adaptarse y sobrellevar los desafíos emocionales y físicos asociados a la enfermedad. Algunos recursos que pueden ayudar a desarrollar la resiliencia diabética incluyen:

  • Educación y conocimiento sobre la diabetes: aprender sobre la enfermedad, cómo manejarla y cómo mantener niveles adecuados de azúcar en la sangre puede brindar confianza y empoderamiento.
  • Apoyo emocional: contar con una red de apoyo compuesta por familiares, amigos o grupos de apoyo de personas con diabetes puede ser de gran ayuda para enfrentar los desafíos emocionales y compartir experiencias.
  • Manejo del estrés: el estrés puede afectar los niveles de azúcar en la sangre, por lo que desarrollar habilidades para manejarlo, como la práctica de técnicas de relajación, puede ser beneficioso.
  • Establecimiento de metas realistas: establecer metas alcanzables y realizar seguimiento de los progresos puede ayudar a mantener la motivación y la sensación de logro.
  • Autocuidado: adoptar hábitos saludables, como seguir una alimentación equilibrada, hacer ejercicio regularmente, dormir lo suficiente y tomar los medicamentos según las indicaciones médicas, es fundamental para el bienestar general y el control de la diabetes.
  • Buena comunicación con el equipo de atención médica: mantener una relación abierta y honesta con los profesionales de la salud, y comunicar cualquier duda o inquietud, puede facilitar un mejor manejo de la enfermedad.
  • Aceptación y adaptación: aceptar el diagnóstico de diabetes y adaptarse a los cambios que implica en la vida diaria puede ser un proceso desafiante, pero también una oportunidad para crecer y aprender.
  • Enfocarse en lo positivo: buscar el lado positivo de la situación y encontrar momentos de alegría y gratitud puede ayudar a mantener una actitud optimista y resiliente.

La resiliencia diabética es un concepto en desarrollo y sigue siendo objeto de investigación. Sin embargo, se reconoce como un factor importante en el manejo exitoso de la diabetes y en la mejora de la calidad de vida de las personas con esta enfermedad.

Se ha demostrado que la resiliencia diabética se asocia con una mejor autogestión, menos complicaciones de salud a largo plazo y mayores niveles de bienestar. Por lo tanto, adoptar estas prácticas puede ayudar a que las personas con diabetes lleven una vida más plena.

En suma, la resiliencia diabética es un imprescindible elemento para lograr el éxito en el manejo de esta enfermedad crónica. Es importante recordar que cada individuo es único y lo que funciona para una persona no necesariamente tendrá los mismos resultados en otra. Por ello, toda la información sobre el tema debe ser consultada con un profesional de la salud capacitado antes de ponerla en práctica.

Es importante tener en cuenta que ser diabético requiere adquirir hábitos de alimentación saludables, hacer ejercicio físico regularmente y mantener una comunicación constante con especialistas o educadores en diabetes.

Mi debut

Cuando me diagnosticaron la diabetes a los 11 años, pensé: “¿Y ahora qué? ¿Por qué yo? Seguramente alguno de mis amigos también la tiene”. Pero no fue así. De hecho, mi madre me habló de un niño de mí misma edad que también tenía diabetes, pero que no quería que nadie lo supiera. Lo llevaba muy mal y no lo aceptaba. En ese momento, me di cuenta de todo lo que ese niño se estaba perdiendo, toda su infancia. Para mí, una vez pasados los años, ha sido la mejor etapa de mi vida, sin preocupaciones, jugando con mis amigos.

A medida que vas creciendo, las cosas van cambiando. Tus prioridades son otras. Comienzas a trabajar, tienes novia, hijos. No es que sea malo, y no me arrepiento de nada, pero conlleva más responsabilidad. Siempre recuerdo a ese niño que se escondía por su condición de diabético y, hasta el día de hoy, me pregunto si logró superarlo.

Debo decirles que yo lo tomé bien. No era algo que me gustara, pero enseguida me di cuenta de que era algo con lo que debía vivir. Seguí haciendo lo mismo que hacía antes de que me diagnosticaran la diabetes. Iba al colegio, quedaba con mis amigos para jugar, asistía a mis entrenamientos de baloncesto.

En verano, pasábamos todo el día en la piscina. Lo único que tuve que hacer fue incorporar las pautas de alimentación e inyecciones de insulina a mi vida diaria. Quiero recalcar que las incorporé a mi vida, no al revés. Creo que es un error subordinar la diabetes a todo lo que tienes planeado hacer. No quiero decir que la dejes en segundo plano, ya que es muy importante llevar un buen control de la diabetes para nuestra supervivencia. Sin embargo, no debemos dejar que nos limite en exceso. No incluyamos más limitaciones a esta lista.

La familia

Tampoco debemos olvidar que, cuando me diagnosticaron la diabetes a los 11 años, seguía siendo un niño. La madurez viene con los años, no con la diabetes. Quiero dirigirme a los padres que tienen hijos pequeños con diabetes y recomendarles tranquilidad.

He conocido a muchos padres cuyos hijos fueron diagnosticados con diabetes tipo 1 a edades más tempranas que la mía, y admiten haberlo pasado mal durante los primeros meses, e incluso años. Desde mi experiencia, he encontrado un denominador común: el no saber qué hacer si su hijo tiene una fuerte hipoglucemia, una subida brusca o pierde el conocimiento. Son situaciones estresantes que requieren calma e información sobre cómo actuar.

Mi consejo es recopilar toda la información necesaria a través del endocrino o de un educador en diabetes para enfrentar estas situaciones. En las visitas sucesivas, es importante responder a las dudas que surjan.

No pretendamos que de la noche a la mañana el niño rechace una golosina de su amiguito. Estas cosas suceden y se convierten en simples anécdotas que se recuerdan con cariño con el paso del tiempo. Yo confieso que, aunque no soy un profesional, he sido niño con diabetes y, alguna que otra vez, he pecado.

Sin embargo, hoy en día existe una amplia variedad de productos sin azúcar disponibles para todos los gustos, que se venden en supermercados, kioscos y por internet. Sin embargo, mis padres de vez en cuando me compraban chicles sin azúcar en la farmacia para saciar el antojo. Mientras mis hermanos bebían Fanta de naranja, a mí me compraban Tab, un refresco de cola bajo en calorías, ya que la Coca-Cola light no salió al mercado hasta 1982 y a mí me diagnosticaron la diabetes en 1981. También disfrutaba de Bitter Kas, un refresco con sabor amargo que tampoco contenía azúcar pero me gustaba.

Y con esto, quiero recalcar el papel fundamental de la familia. A estas edades tempranas, son los padres quienes asumen toda la responsabilidad. Nosotros seguimos siendo niños y no tenemos plena conciencia de lo que nos sucede.

Los padres son los primeros en recibir educación sobre la diabetes. Son los que no duermen por si tenemos hipoglucemias nocturnas, los que controlan las comidas, los horarios de las inyecciones de insulina y los que deben estar al tanto de cualquier cambio en nuestra salud. Esto no es una labor fácil, pero es indispensable para el tratamiento adecuado de la diabetes. Y fijaos en la importancia de la familia. ¿Cómo le explicas a un niño que no debe comerse la golosina que le da su amiguito? Por suerte, yo no era de comprarme chucherías antes de que me diagnosticaran la diabetes, así que no iba a empezar a comprarlas después.

Además, los padres juegan un papel clave en brindar apoyo emocional a sus hijos. Es importante que el niño sepa que no está solo, que sus padres o cuidadores están ahí para ayudarlo y apoyarlo en cualquier situación. El brindarles un ambiente tranquilo e incondicional les permitirá afrontar mejor los desafíos que la diabetes les presenta.

El apoyo de la familia es clave para el bienestar del niño, pero también es importante contar con el apoyo de otros profesionales como terapeutas o psicólogos que trabajan con niños. Estos profesionales nos pueden ayudar a manejar mejor la ansiedad, la soledad y los sentimientos de culpa que muchas veces surge al lidiar con una enfermedad crónica como la diabetes.

Es por esto por lo que la clave para un tratamiento exitoso de la diabetes en los niños es contar con el apoyo de todos: familia, profesionales y comunidad. El comprender la situación y no juzgarla nos puede permitir abordarla de una manera más adecuada y asegurar el correcto cuidado para los niños con diabetes.

Un buen equipo, formado por la familia, profesionales y el entorno del niño, puede ayudar en gran medida al tratamiento de diabetes. Contar con especialistas en la materia, como médicos endocrinólogos y nutricionistas, ayudará al niño a establecer una dieta saludable para controlar los niveles de glucosa en sangre.

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